domingo, 22 de febrero de 2026

HOY CELEBRAMOS EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2026 - 22 DE FEBRERO

 



 La Cuaresma es el período de cuarenta días (cuadragésima) destinado a la preparación para la Pascua. La Cuaresma de este año 2026 incluye, como es habitual, cinco domingos. El primero es el 22 de febrero y el quinto y último, el 22 de marzo. Una semana después se celebra el Domingo de Ramos o Domingo de la Pasión del Señor (29 de marzo) con el que empieza la Semana Santa.


Antes de meditar en el Evangelio de hoy, Primer Domingo de Cuaresma, es oportuno considerar algunas notas esenciales de este “camino hacia la Pascua” que acabamos de iniciar el Miércoles de Ceniza.


Del Miércoles de Ceniza al Primer Domingo de Cuaresma

Los cinco domingos de Cuaresma no se ‘presentan abruptamente’. Han venido precedidos por el Miércoles de Ceniza y los días sucesivos, esos que median entre el mencionado miércoles y el domingo de la Primera Semana de Cuaresma.

Al mismo tiempo, el Miércoles de Ceniza marca siempre el inicio del periodo de cuarenta días (cuadragésima) que servirá de preparación para la Pascua. Siendo que el Miércoles de Ceniza es la puerta de entrada de un tiempo de penitencia y conversión, es necesario  guardar ayuno y abstinencia, tal y como lo manda la Iglesia. Dicho Miércoles, en virtud a su significado espiritual, debe suscitar un “giro” en nuestro ‘interior’ -un cambio de actitud-. Esa transformación se da según la medida de Cristo, en la mente, el corazón y la acción de cada uno, y debe expresarse en prácticas exteriores, de suyo indispensables, aunque no constituyan un fin por sí mismo.

Se trata de que lo ‘exterior’ colabore con el ‘interior’, y que lo ‘interior’ se vea expresado en lo ‘exterior’. En ese sentido, el Miércoles de Ceniza implica la puesta en marcha de un proceso personal, sí, pero en compañía de la Iglesia, proceso por el que todo debe quedar transformado.


Domingo a domingo

Cada domingo de Cuaresma posee un mensaje o contenido especial que la Iglesia ha determinado ‘pedagógicamente’; es decir, las lecturas y la liturgia toda están dispuestas con un propósito, y no al azar. Los cinco domingos constituyen un ‘camino de preparación’, un ‘itinerario progresivo’, una ‘secuencia formativa’ a través de la cual el Espíritu Santo nos va a conducir para llegar bien dispuestos a vivir la Semana Mayor.

Hay que tener en cuenta que, así como no se puede correr una maratón sin la debida preparación física y mental previas, difícilmente, sin algo de entrenamiento, nuestro interior podrá contemplar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, y así obtener el provecho que Dios espera.


Cuaresma: escucha, ayuno y conversión

El Papa León XIV, en su mensaje para esta Cuaresma 2026, titulado Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión, nos invita a asumir el camino cuaresmal como un tiempo en el que la escucha de la Palabra de Dios debe suscitar una auténtica conversión del corazón y la mente, proceso en el que el ayuno cumple un papel muy importante para disponernos para el encuentro con Dios y los hermanos: “Dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”.

“La abstinencia de alimento –continúa el Papa–, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión”. “El ayuno… nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien”, concluye el Pontífice.

A continuación presentamos la lectura del Evangelio correspondiente al I Domingo de Cuaresma (Ciclo A). En el relato veremos al Señor practicando el ayuno y enfrentando al demonio con las armas que provienen de la Palabra.

Lectura del Evangelio: Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”. Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.


Fuente: Aciprensa

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